Las participantes coincidieron en que las redacciones deben dejar de justificar los comentarios sexistas, escuchar las denuncias sin prejuicios.
Frases como «¿Qué culpa tiene él de que usted sea bonita?» o «no es para tanto, lo estás entendiendo mal» reflejan cómo el acoso sexual puede ocultarse detrás de bromas y comentarios que terminan normalizándose en las redacciones periodísticas.
Esta fue una de las principales reflexiones del panel sobre acoso sexual en las redacciones, en el que participaron las periodistas colombianas Jineth Bedoya y Claudia Palacios; Catalina Botero, exrelatora especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y Bibiana Aído, directora regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe.
Durante el encuentro, celebrado en el marco de la Asamblea de la SIP en Bogotá, Claudia Palacios recordó que, al comienzo de su carrera, algunos compañeros se referían a ella con apodos relacionados con su apariencia física, en lugar de llamarla por su nombre.
La periodista explicó que durante años asumió estas situaciones como parte del ambiente laboral, hasta comprender que se trataba de conductas de acoso.
Palacios también relató que, cuando manifestó su incomodidad por la manera en que un trabajador la observaba, recibió respuestas que minimizaban lo ocurrido y trasladaban la responsabilidad hacia ella.
La comunicadora cuestionó que, mientras los medios informan sobre la violencia contra las mujeres, en sus propias redacciones puedan persistir comportamientos que reproducen esas prácticas.
Las participantes coincidieron en que reconocer el problema es apenas el primer paso. También se requieren mecanismos confiables para recibir denuncias, investigar los hechos y evitar que las víctimas enfrenten solas las consecuencias de hablar.
Catalina Botero destacó la importancia de combinar la formación, los cambios culturales y la implementación de protocolos claros con mecanismos independientes que permitan atender los casos.
La exrelatora mencionó el proceso impulsado por Caracol Televisión tras denuncias contra dos periodistas reconocidos, quienes fueron desvinculados mientras el canal establecía una comisión para investigar lo ocurrido y prevenir nuevos casos.
«De nada sirve el mejor protocolo si adentro no hay alguien que se lo tome en serio», advirtió Botero, al subrayar que las herramientas institucionales deben contar con respaldo y voluntad para funcionar.
Por su parte, Jineth Bedoya pidió a los medios aplicar los estándares internacionales que reconocen las formas específicas de violencia que enfrentan las mujeres periodistas. También recordó que garantizar sus derechos es fundamental para el ejercicio libre de la profesión y para ofrecer información de calidad a la ciudadanía.
Durante su intervención, Bedoya reveló que había denunciado ante la Fiscalía a un periodista de El Tiempo, a quien señaló de presuntamente acosar a practicantes y periodistas. La denuncia, según indicó, había sido presentada tres meses antes de su participación en el panel.
Bibiana Aído advirtió que el acoso y la violencia contra las mujeres periodistas no constituyen hechos aislados y pueden convertirse en mecanismos para limitar su participación y silenciar sus voces.
La directora regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe citó datos según los cuales el 45 % de las periodistas decide autocensurarse ante los ataques en el entorno digital.
Aído señaló que enfrentar esta problemática requiere información, recursos y compromiso de las directivas de los medios. También advirtió que las consecuencias de denunciar pueden afectar no solo a quien sufre directamente la violencia, sino a otras mujeres que observan lo que ocurre cuando alguien decide hablar.
Las participantes coincidieron en que las redacciones deben dejar de justificar los comentarios sexistas, escuchar las denuncias sin prejuicios y garantizar respuestas institucionales efectivas.
El llamado central del encuentro fue a romper el silencio y transformar las prácticas que permiten que el acoso sexual se presente como algo normal en el ejercicio periodístico. La protección de las mujeres en las redacciones, señalaron, es también una condición para garantizar la libertad de prensa y el derecho de la sociedad a recibir información.