Es importante para una nación hacer un transición de poder presidencial sin incertidumbre en sus instituciones
Cada transición presidencial abre una encrucijada entre la propuesta de reformas y la habilidad de ejecutar transformaciones sin fracturar el funcionamiento cotidiano del Estado ni desestabilizar el bienestar social, Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza los puntos críticos de la agenda política al asumir una nueva administración para garantizar un traspaso de mando ordenado.
A pocos días de la posesión presidencial del 7 de agosto, Colombia se prepara para iniciar una nueva etapa política marcada por expectativas de cambio y por el desafío de garantizar la continuidad institucional. Más allá de las propuestas y reformas que impulse el nuevo Gobierno, uno de los principales retos será gestionar la transición sin generar incertidumbre social ni afectar el funcionamiento de los servicios esenciales para los ciudadanos.
En este contexto, surge un debate sobre los límites racionales del cambio frente a la necesidad de preservar la estabilidad del Estado. Según los expertos, para que este proceso no se traduzca en incertidumbre social ni en una ruptura del contrato democrático, es imprescindible priorizar aquellas áreas que constituyen los pilares del Estado y del bienestar social, como la educación, el sistema sanitario y el sistema de pensiones.
“Estos cumplen una función estructural dentro del contrato social entre el Estado y la ciudadanía. Su eficacia depende de la estabilidad y la previsibilidad”, explica Jara Rodríguez Fariñas, profesora titular y directora del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades. “Por esta razón, su diseño y reforma deberían sustentarse en consensos amplios y duraderos, preferiblemente articulados mediante pactos de Estado que trasciendan la lógica de la alternancia partidista”.
Según detalla la experta, para una transición responsable se debe saber distinguir entre políticas coyunturales, susceptibles de cambio, y políticas estructurales, que deben preservarse y reformarse de manera gradual y consensuada. De lo contrario, el panorama puede verse inestable, generando desconfianza institucional y una polarización mucho más marcada.
Es un equilibrio delicado. La gestión de las expectativas y la percepción pública dependen directamente de la estrategia de información adoptada por las nuevas autoridades. Si se continúan con los discursos polarizantes que descalifican las gestiones previas —todo lo anterior fue un error, pero todo lo nuevo es incuestionable—, se debilita la legitimidad social y se fomenta la desafección democrática mediante promesas radicales imposibles de cumplir.
En cambio, si la información es clara y responsable, ayuda a que se reduzca la incertidumbre. Explicar los límites, los porqués y los plazos de las reformas permite que la ciudadanía asimile que la evolución política es un proceso gradual y no un escenario de caos o de refundación total.
“Los equipos técnicos deben operar bajo el principio de que los gobiernos cambian, pero el Estado permanece. Así, áreas como educación, salud, pensiones, seguridad o suministro de servicios básicos se deben gestionar a través de criterios profesionales, no partidistas”, añade la docente de VIU. “Lo ideal es contar con protocolos y planes de continuidad, así las decisiones críticas no se paralizan, los equipos técnicos saben cómo actuar y los servicios no dependen de voluntades individuales”.
Al proveer evaluaciones sistemáticas sobre la efectividad de las políticas y programas vigentes, los equipos técnicos dotan a los mandatarios entrantes de las herramientas necesarias para determinar, de forma informada y técnica, qué procesos requieren continuidad, cuáles necesitan ajustes y cuáles deben ser sustituidos.
Solo mediante la corresponsabilidad y el respeto a las estructuras técnicas del Estado, una nueva administración podrá responder a las demandas de transformación social sin vulnerar la estabilidad y la confianza de sus ciudadanos.
Información de: highresults.net