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Ideam advierte llegada de El Niño con alto impacto

El Ideam confirma fenómeno de El Niño en Colombia y alerta por aumento de temperaturas, incendios y presión sobre agua en el segundo semestre

Ideam advierte llegada de El Niño con alto impacto

La advertencia de la Ideam no deja margen para interpretaciones complacientes: el fenómeno de El Niño llegará con “absoluta certeza” en el segundo semestre del año. Más allá del lenguaje técnico, lo que se anticipa es un escenario climático que históricamente ha tensionado al país, poniendo a prueba no solo sus ecosistemas, sino también la capacidad institucional para prevenir y gestionar riesgos que, aunque previsibles, suelen ser subestimados.

La directora Ghisliane Echeverry fue clara en señalar que este evento se traducirá en una reducción significativa de las lluvias y un incremento sostenido de las temperaturas. Esta combinación, lejos de ser un fenómeno aislado, constituye una amenaza estructural para territorios donde el acceso al agua ya es desigual y donde la planificación climática aún opera más como reacción que como estrategia anticipada.

Aunque existe una probabilidad cercana al 60% de que las condiciones comiencen a manifestarse desde mayo, los modelos apuntan a que el fenómeno se consolidará hacia septiembre. Este desfase temporal revela un patrón recurrente: el país recibe alertas con suficiente antelación, pero la capacidad de respuesta efectiva suele activarse cuando los impactos ya son visibles, lo que convierte la prevención en una promesa más que en una práctica sistemática.

Las regiones Caribe y Andina aparecen nuevamente como las más vulnerables, seguidas por la Pacífica, mientras que la Orinoquía y la Amazonía tendrían afectaciones moderadas. Sin embargo, esta categorización no debería interpretarse como un alivio relativo, sino como una señal de que el riesgo es diferenciado pero generalizado, y que ninguna región está exenta de consecuencias en un contexto de variabilidad climática creciente.

El antecedente de 2024 es particularmente revelador: más de 900 municipios estuvieron en alerta por incendios forestales durante el último episodio de El Niño. Este dato no solo dimensiona la magnitud del riesgo, sino que también evidencia la fragilidad de los sistemas de control y mitigación frente a eventos que, aunque cíclicos, están intensificándose por efectos del cambio climático.

El posible rompimiento de récords históricos de temperatura durante la temporada seca entre diciembre y febrero introduce un elemento adicional de preocupación. Episodios recientes en ciudades como Bogotá, donde los cerros orientales fueron afectados por incendios, demuestran que incluso los entornos urbanos no están al margen de estas dinámicas, lo que obliga a repensar la gestión del riesgo más allá de lo rural.

Desde el plano institucional, el Ideam asegura estar articulando acciones con autoridades locales, corporaciones ambientales y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Sin embargo, esta coordinación, aunque necesaria, plantea interrogantes sobre su eficacia real en territorios donde la capacidad operativa es limitada y donde los planes de contingencia suelen enfrentarse a restricciones presupuestales y logísticas.

El anuncio del fenómeno no es, en sí mismo, la noticia más relevante; lo verdaderamente crítico es lo que el país haga con esa información. La recurrencia de El Niño no debería seguir siendo tratada como un evento extraordinario, sino como una constante que exige políticas públicas sostenidas, inversión en infraestructura resiliente y una transformación en la forma en que Colombia se relaciona con su entorno climático.