El bienestar docente es un asunto colectivo y estructural. No depende solo del esfuerzo personal de los maestros, sino de las condiciones laborales
La sobrecarga, la falta de apoyo y la precariedad laboral deterioran la salud mental del
profesorado. Sin embargo, las redes de apoyo y los liderazgos empáticos actúan como
factores protectores clave.
Cuidar el bienestar de los docentes es cuidar la educación misma. Garantizar su salud
emocional y su reconocimiento es indispensable para lograr una enseñanza de calidad y
un futuro educativo sostenible.
La profesión docente enfrenta una crisis global sin precedentes. La UNESCO
advierte que para 2030 solo 78 de 197 países tendrán suficientes maestros para garantizar
la educación primaria universal. América Latina no es la excepción, con proyecciones que
señalan la necesidad de millones de educadores adicionales en la próxima década.
Un estudio conjunto entre el Politécnico Grancolombiano y la Universidad de La Sabana,
liderado por el docente Jaime Castro de la Escuela de Educación e innovación, revela que el
bienestar docente está siendo fuertemente afectado por la sobrecarga laboral y la falta de
apoyo institucional, sumado a todos los efectos de la pandemia, poniendo en estado crítico
la permanencia en la profesión y la calidad educativa del país.
Los hallazgos son claros: el bienestar docente no depende solo del compromiso personal de
cada maestro, sino de las condiciones institucionales, sociales y culturales que rodean su
trabajo. “Cuidar a quienes enseñan es cuidar el futuro del país”, afirmaron los investigadores.
“Nuestro estudio muestra que el bienestar docente debe entenderse como un fenómeno
sistémico, no individual. Los maestros necesitan apoyo real, no únicamente reconocimiento
simbólico”.
¿Qué está afectando a los docentes?
La falta de docentes no es solo un fenómeno internacional. Colombia también enfrenta una
disminución progresiva en la permanencia y motivación de maestros en todos los niveles
educativos. Los problemas que afectan a los docentes son múltiples y se interconectan,
generando un círculo vicioso que desmotiva y aumenta la deserción profesional:
• Bajos salarios y precariedad laboral: La falta de remuneración justa desincentiva el
ingreso y permanencia en la profesión.
• Temporalidad contractual: Muchos docentes trabajan bajo contratos inestables,
especialmente en zonas rurales, lo que incrementa la rotación.
• Infraestructura insuficiente: Escuelas con recursos limitados y falta de materiales
dificultan la labor pedagógica.
• Sobrecarga y desgaste emocional: La carga laboral excesiva es uno de los
principales detonantes del estrés docente.
• Clases numerosas y tareas administrativas: Los maestros dedican más tiempo a
procesos burocráticos que a la enseñanza.
• Expectativas desproporcionadas: La sociedad exige entrega ilimitada sin ofrecer
reconocimiento material ni simbólico.
• Falta de apoyo institucional: La ausencia de liderazgo empático y recursos
organizacionales agrava la presión.
• Violencia y riesgos psicosociales: Un factor alarmante es el aumento de la violencia
contra los docentes, principalmente en regiones apartadas y con conflicto armado.
• Agresiones físicas y psicológicas: Insultos, amenazas y acoso en redes sociales son
cada vez más frecuentes.
• Entornos inseguros: En algunos contextos, la falta de garantías de seguridad lleva a
que los maestros consideren abandonar la profesión.
• Migración abrupta a la virtualidad: Después de la pandemia, los docentes
asumieron roles adicionales sin capacitación ni apoyo.
El estudio realizado con 410 docentes de primaria y secundaria en 25 departamentos del país
revela que la situación se intensifica en contextos rurales y vulnerables, donde los maestros
asumen responsabilidades que van más allá de lo pedagógico: acompañamiento
comunitario, apoyo emocional y mediación familiar, muchas veces sin el respaldo
institucional necesario.
El análisis encuentra que el bienestar de los docentes no es una tarea individual, es un
fenómeno sistémico atravesado por desigualdades sociales, condiciones laborales dispares
y recursos institucionales limitados. Docentes con redes de apoyo familiares, laborales y
comunitarias, presentaron mayor resiliencia; sin embargo, en instituciones con liderazgos
débiles, alta burocracia y poca valoración social, el riesgo de agotamiento profesional
aumenta de manera significativa.
Además, el estudio identificó que, frente al mismo nivel de estrés, los docentes del sector
público reportaron menor bienestar emocional que los del sector privado, lo que refleja
desigualdades estructurales en condiciones de trabajo, acompañamiento institucional y
acceso a apoyos psicosociales.
¿Qué hacer para fortalecer el bienestar de los docentes en Colombia?
La investigación plantea la necesidad de avanzar hacia políticas educativas que reconozcan
el bienestar docente como un pilar fundamental para garantizar una educación de calidad
en Colombia.
Esto implica institucionalizar programas de apoyo psicosocial y
acompañamiento emocional, aligerar las cargas administrativas para que los maestros
puedan concentrarse en lo pedagógico, y fomentar liderazgos escolares empáticos y
emocionalmente inteligentes que generen ambientes de trabajo más humanos y justos.
También subraya la importancia de crear sistemas permanentes de monitoreo del bienestar
docente, asegurar condiciones laborales equitativas, sobre todo en contextos rurales, y
fortalecer la cultura de colaboración y apoyo entre colegas, entendiendo que el cuidado
mutuo y las redes profesionales sólidas son esenciales para sostener la labor educativa en el
tiempo.
“Sin maestros con buena salud mental y condiciones dignas de trabajo, no es posible
garantizar aprendizajes de calidad. El bienestar docente no es un asunto personal; es un
compromiso social y una urgencia educativa para el país”, concluye el equipo investigador.
Información de: Politécnico Grancolombiano.