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Estudio demuestra cómo se vive la sexualidad en la vejez

Profamilia, la Fundación Saldarriaga Concha presentan estudio más reciente en Colombia donde se demuestra como los adultos mayores viven la sexualidad

Estudio demuestra cómo se vive la sexualidad en la vejez

La sexualidad es inherente al curso de la vida; sin embargo, después de cumplir 60 años se convierte en un tema poco nombrado y cargado de mitos y estigmas que dificultan su reconocimiento como una dimensión importante de la vida y que afectan el bienestar y la autonomía de las personas mayores.

El deseo sigue presente en la vejez, el 62 % de las personas mayores encuestadas tuvo relaciones sexuales en el último año. Las mujeres mayores enfrentan más barreras para vivir su sexualidad, mientras 86 % de los hombres reportó actividad sexual reciente, solo 43 % de las mujeres lo hizo, influenciadas por la falta de pareja y por normas sociales que restringen su autonomía. 

La salud sexual es importante, pero sigue sin ser atendida, y solo 19 % recibió orientación en salud para hablar del tema, dejando a muchas personas mayores sin acompañamiento adecuado.

La sexualidad es una dimensión esencial del ser humano que lo acompaña durante todas las etapas de su vida. Aunque su expresión cambia con el tiempo, sigue integrando emociones, vínculos, deseos y formas de relacionarse, convirtiéndose en un componente clave del bienestar y de la manera en que cada individuo construye su sexualidad, identidad y proyecto vital.

Aunque suele permanecer fuera de la conversación pública, la sexualidad en la vejez existe, es activa y emocionalmente significativa. Sin embargo, no se vive igual si se compara entre hombres y mujeres. Ese es uno de los hallazgos más reveladores de “Percepciones de la sexualidad en personas mayores”, el estudio de Profamilia y la Fundación Saldarriaga Concha desarrollado en Medellín, Montería, Manizales y Tunja, el cual recogió la experiencia de más de 200 personas mayores de 60 años.

Un asunto de género

Los resultados confirman que la vejez no es sinónimo de renunciar al deseo ni a la vida sexual. El 62 % de las personas encuestadas mencionó haber tenido relaciones sexuales en el último año. Sin embargo, se evidencia una brecha significativa por género: mientras el 86 % de los hombres afirmó haber mantenido alguna actividad sexual durante ese periodo, en el caso de las mujeres la cifra fue del 43 %, lo que destaca la desigualdad en el ejercicio de la sexualidad en la adultez mayor.

También se evidenció una diferencia en la importancia y valorización de la vida sexual. Mientras que el 86 % de los hombres lo considera muy importante en su vida, solo el 37 % de las mujeres comparte esta visión. Esta diferencia da cuenta de que la sexualidad de las mujeres sigue siendo mediada por roles de género, los estereotipos y el estigma.

Sumado a esto, el 51 % de las mujeres está de acuerdo con la idea de que “deben complacer sexualmente a los hombres”, mientras que 42 % de los hombres respalda esta misma afirmación. Estas cifras sugieren que, incluso en etapas avanzadas de la vida, la sexualidad femenina sigue atravesada por expectativas de servicio más que por autonomía o disfrute.

Además, entre quienes no tuvieron relaciones sexuales en el último año, el 57 % señaló no tener pareja como principal razón. Una situación que impacta de manera desproporcionada a las mujeres, debido a su aumento en la expectativa de vida que va en aumento comparada con la de los hombres.

El deseo no desaparece
La creencia de que tener más edad significa la renuncia al deseo o a la intimidad, aumenta estereotipos y crea entornos en los que las necesidades de las personas mayores son mediadas por terceras personas como sus cuidadores y familiares.

Por lo que es frecuente que las familias y personas cuidadoras eviten el tema por falta de información, conocimiento y herramientas. Además, en los servicios de salud pocas veces se abre un espacio para abordarlo con profesionales porque se priorizan otros aspectos de la salud y no la que se relaciona con la sexualidad; de hecho, solo el 19 % de los encuestados afirmó haber consultado el tema. Entre la falta de información, los estigmas y el silencio, la vejez se convierte en un territorio donde los derechos sexuales se viven a medias.

“Hablar de sexualidad en la vejez es reconocer un derecho. Esta investigación nos muestra que el verdadero reto no es romper silencios individuales, sino transformar los imaginarios sociales y las barreras estructurales que siguen negando la autonomía de las personas mayores”, aseguró Soraya Montoya, directora ejecutiva de la Fundación Saldarriaga Concha.

¿Qué se puede hacer?

Las voces recogidas en el estudio muestran el reto por escuchar y comprender lo que sienten, desean y necesitan las personas mayores. Esta evidencia abre la puerta para reconocer su sexualidad con la importancia que merece y avanzar hacia entornos que acompañen mejor esta etapa de la vida.

Pero, ¿qué se puede hacer? El estudio propone una serie de recomendaciones dirigidas a las principales redes de apoyo que van desde la formación especializada en sexualidad y vejez; la creación de protocolos institucionales que garanticen la intimidad, la creación de diálogos comunitarios y procesos comunicativos que desestigmaticen el tema.

Por su parte, sugiere la formulación de políticas públicas que prioricen la sexualidad en cada momento del curso. Así como sensibilización al personal de salud, la creación de herramientas pedagógicas para su educación, todos permeados por enfoques diferenciales por territorio y género.

A través del estudio “Percepciones de la sexualidad en personas mayores”, Profamilia y la Fundación Saldarriaga Concha reafirman su compromiso de promover una vejez vivida con dignidad, autonomía y el pleno ejercicio de los Derechos Sexuales, reconociendo que el deseo, el disfrute y la capacidad de decidir no tienen fecha de vencimiento.

“Los resultados muestran con claridad que la sexualidad en la vejez también está atravesada por desigualdades de género. Muchas mujeres mayores han vivido su sexualidad marcada por silencios, estigmas y expectativas sociales. Hablar de este tema abre la puerta a una vejez con más libertad, información y decisiones propias” aseguró Marta Royo, CEO de Profamilia.

Información de: Profamilia y la Fundación Saldarriaga Concha