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Emergencia por inundación pone a prueba respuesta estatal

Operativos del Ejército en Granada, Meta, evidencian capacidad de reacción, pero también dejan preguntas sobre prevención y gestión del riesgo

Emergencia por inundación pone a prueba respuesta estatal

La emergencia por inundación registrada en el sector Dos Quebradas, en Granada, vuelve a poner en el centro del debate la capacidad del Estado para responder, pero también para anticiparse a este tipo de eventos recurrentes. La intervención del Ejército Nacional de Colombia permitió atender de manera oportuna a la población afectada, aunque el trasfondo revela problemáticas más profundas.

La articulación entre el Batallón de Infantería N.° 21 y el Batallón de Ingenieros de Desminado Humanitario N.° 4, junto con organismos como el Cuerpo de Bomberos, la Defensa Civil y la administración municipal, demuestra que existe una capacidad institucional para actuar en momentos críticos. Sin embargo, esta respuesta coordinada suele activarse únicamente cuando la emergencia ya ha generado impactos significativos.

Las maniobras de evacuación y apoyo logístico realizadas por las tropas evidencian un despliegue operativo eficaz en terreno, especialmente en contextos donde las condiciones geográficas dificultan el acceso. No obstante, estas acciones, aunque necesarias, son reactivas y no sustituyen una política estructural de gestión del riesgo que reduzca la vulnerabilidad de las comunidades.

El caso de Granada no es aislado. En múltiples zonas del Meta, las inundaciones se repiten con una frecuencia que deja de ser excepcional para convertirse en parte de la cotidianidad. Esto plantea interrogantes sobre la planificación territorial, el manejo de cuencas hídricas y la inversión en infraestructura preventiva.

La comunicación permanente entre las unidades militares y el comando superior permitió mantener el control de la operación, lo que refleja disciplina y capacidad de coordinación. Sin embargo, el éxito operativo no debería opacar la necesidad de evaluar por qué estas comunidades continúan expuestas a riesgos previsibles.

En este tipo de escenarios, el papel del Estado no puede limitarse a la atención de desastres. La gestión del riesgo implica anticipación, educación comunitaria y políticas públicas sostenidas que reduzcan la exposición a fenómenos naturales. De lo contrario, las emergencias seguirán siendo atendidas como eventos aislados, cuando en realidad responden a patrones estructurales.

El respaldo institucional a la población afectada es fundamental, pero también lo es la transparencia en la información sobre las causas de estas inundaciones. Factores como el cambio en el uso del suelo, la deforestación o la falta de mantenimiento de drenajes suelen quedar fuera del discurso oficial, a pesar de su incidencia directa.

Finalmente, la actuación del Ejército reafirma su rol como actor clave en situaciones de crisis, pero también deja en evidencia una paradoja: la eficiencia en la respuesta no compensa la debilidad en la prevención. Mientras no se cierre esa brecha, las comunidades seguirán dependiendo de operativos de emergencia en lugar de soluciones sostenibles.