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El estrés académico aumenta el riesgo de depresión

Investigación aporta evidencia científica y contundente sobre el impacto del estrés académico en la salud mental universitaria en Colombia.

El estrés académico aumenta el riesgo de depresión

A partir del análisis de más de 1.100 estudiantes, el estudio demuestra que el estrés 
académico no es un problema pasajero, sino un factor clave asociado al aumento de 
depresión, ansiedad e ideación suicida. 

La investigación demuestra que el estrés académico es un factor determinante en la 
depresión y el riesgo de ideación suicida, y que su impacto puede reducirse 
significativamente mediante apoyo social y estrategias de afrontamiento adaptativas. 

El estrés académico tiene consecuencias profundas en la salud mental 
de los estudiantes universitarios en Colombia. Así lo evidencia una investigación liderada 
por Tatiana Castañeda, docente de psicología del Politécnico Grancolombiano, desarrollada 
con más de 1.000 estudiantes, que analizó cómo las exigencias académicas se relacionan 
con la depresión, la ansiedad, el estrés percibido y la ideación suicida. 

La investigación buscó responder una pregunta clave: ¿por qué algunos estudiantes se ven 
emocionalmente desbordados mientras otros logran afrontar mejor la presión académica? Los resultados revelan que el estrés académico no es un malestar pasajero. Por el contrario, se asocia de manera directa y significativa con un aumento en los síntomas depresivos, los niveles de ansiedad y el riesgo de ideación suicida.  

Uno de los datos más llamativos es que el estrés académico explica hasta el 64 % de la 
variación en los síntomas de depresión reportados por los estudiantes participantes. En 
el caso del riesgo asociado a ideación suicida, el modelo explicó el 45 % de la variación, 
una cifra que evidencia la magnitud del impacto emocional que pueden tener las exigencias 
académicas acumuladas. 

El estudio también identificó que el estrés percibido funciona como un mecanismo central 
que conecta el estrés académico con el deterioro emocional. Cuando los estudiantes 
sienten que no tienen control sobre las demandas universitarias, el impacto psicológico se 
intensifica, aumentando la vulnerabilidad frente a problemas de salud mental. 

La investigación señala que estos efectos son particularmente relevantes en estudiantes 
que atraviesan los primeros semestres, una etapa crítica de adaptación en la que 
confluyen nuevos retos académicos, cambios sociales y presiones económicas. En este 
sentido, los hallazgos invitan a repensar las estrategias de acompañamiento desde el 
inicio de la vida universitaria. 

El apoyo social y la reevaluación positiva reducen el impacto del estrés académico 
Uno de los aportes más importantes del estudio es la identificación de las estrategias de 
afrontamiento adaptativas como factores protectores. En particular, buscar apoyo social y 
reinterpretar de forma positiva las situaciones estresantes demostraron tener un efecto 
significativo en la reducción del malestar emocional. 

Según los análisis realizados, estas estrategias median la relación entre el estrés académico 
y los síntomas psicológicos. En el caso de la depresión, el efecto indirecto mediado por el 
apoyo social y la reevaluación positiva alcanzó un 65,4 %, lo que indica que gran parte del 
impacto del estrés puede explicarse por la ausencia o presencia de estos recursos 
emocionales.

El estudio también encontró que los estudiantes que recurren a redes de apoyo (como 
familiares, amigos o compañeros) presentan menores niveles de depresión y estrés, así como una reducción significativa del riesgo de pensamientos suicidas. Este hallazgo resalta 
la importancia del acompañamiento interpersonal dentro y fuera del campus 
universitario. 

La reevaluación positiva, entendida como la capacidad de resignificar las dificultades 
académicas y verlas como temporales o manejables, también mostró un efecto protector. 
Los estudiantes que utilizan esta estrategia reportan menor carga emocional frente a las 
exigencias académicas, incluso en contextos de alta presión. 

Estos resultados confirman que no solo importan las exigencias del entorno académico, sino 
también las herramientas psicológicas con las que cuentan los estudiantes para 
enfrentarlas. El estudio demuestra que fortalecer estas habilidades puede marcar una 
diferencia concreta en la salud mental universitaria. 

Un llamado a fortalecer la salud mental en la educación superior 
A partir de los hallazgos, la investigación liderada por la docente del Politécnico 
Grancolombiano plantea un llamado claro a las instituciones de educación superior. Las 
universidades no solo deben centrarse en el rendimiento académico, sino también en la 
creación de entornos que promuevan el bienestar emocional y la resiliencia 
estudiantil. 

El estudio recomienda implementar programas tempranos de manejo del estrés, 
formación en habilidades de afrontamiento, redes de apoyo entre pares y mayor 
accesibilidad a servicios de orientación psicológica, especialmente en los primeros 
semestres académicos. 

Así mismo, se alerta sobre el papel del estigma asociado a la salud mental, que todavía 
limita la búsqueda de ayuda profesional entre los estudiantes. Reducir estas barreras 
culturales y fortalecer los servicios de acompañamiento resulta clave para prevenir 
consecuencias más graves.

Información de: Politécnico Grancolombiano