Un análisis evidencia cómo ha caído la participación de la producción nacional en la demanda de estos granos, fundamentales para la soberanía
La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas
y Soya – Fenalce, alerta ante la preocupante situación del decrecimiento de las áreas de
siembra y la producción de los granos que representa (maíz, fríjol, soya, trigo, cebada,
avena, arveja, haba y sorgo), un escenario que contrasta con el crecimiento sostenido de la
demanda interna y el aumento continuo de las importaciones, año tras año. El país importa
alrededor del 85 %, de los 260 millones de sacos que consume en cereales, leguminosas y
soya, en un año; siendo la producción nacional tan solo del 15 %.
Los hechos no mienten, aunque Fenalce representa a los productores de estos nueve
granos en el país, un análisis hecho por la federación desde el 2012, hasta el primer
semestre de 2025 (cifras cerradas), para los cultivos de maíz y fríjol, evidencian cómo ha
caído la participación de la producción nacional en la demanda de estos granos,
fundamentales para la soberanía y seguridad alimentaria del país.
Maíz amarillo y maíz blanco
En el 2012, la participación del maíz amarillo y el maíz blanco nacionales representaban el
25 % y el 93 % de la demanda, respectivamente. El mercado mostraba estabilidad relativa,
pero ya existía preocupación por un factor determinante: la entrada en vigor del Tratado de
Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos.
Aunque en 2012 aún había protección arancelaria con un contingente de 2,1 millones de
toneladas y un arancel del 22 %, las importaciones ya superaban los 3,2 millones de
toneladas de maíz amarillo y las 69.062 toneladas de maíz blanco. En ese mismo año
(2012), la producción nacional superaba 1 millón de toneladas en maíz amarillo y 820.000
toneladas en maíz blanco. Sin embargo, el efecto no tardó en evidenciarse: para 2014, la
participación nacional había caído a 22 % y 79 %, respectivamente.
Con la progresiva reducción del arancel, el crecimiento del sector de alimentos balanceados
y el aumento de la población, la demanda continuó expandiéndose mientras la producción
nacional perdía terreno. Para 2015, con una demanda de 5,2 millones de toneladas de maíz
amarillo y 0,6 millones de maíz blanco, la participación del producto nacional cayó a 15 % y
66 %, respectivamente. Cinco años después (2020), la demanda de maíz amarillo alcanzó
6,65 millones de toneladas, pero la pérdida de participación persistió: solo el 14 % del maíz
amarillo y el 50 % del maíz blanco fue de origen nacional, muy por debajo de los niveles de
2012 (25 % y 93 %).
Para el primer semestre de 2025, se evidenció que el maíz amarillo nacional participó con
apenas el 7 % en la demanda, y el blanco, con el 47 %. Esto ocurrió en un contexto de
precios internacionales bajos, desprotección arancelaria, clima adverso en Colombia y un
dólar débil que incentivó mayores importaciones y desincentivó la siembra local.
La demanda total de maíz (amarillo y blanco) en 2024 fue de 8.381.248 toneladas, de las
cuales el 81,4 % fue importado (6.822.054 t), mientras que la producción nacional cubrió tan
solo el 18,6 % de la demanda (1.559.194 t). Si revisamos 2025 (cifras estimadas), de la
demanda total de 8.992.587 toneladas de maíz, el 14,7 % representa la producción nacional
(1.325.792 t), mientras que el 85,3 % las importaciones (7.666.795 t), lo que denota una
disminución de la participación del maíz nacional, tanto amarillo, como blanco.
Fríjol
En 2012, la demanda de fríjol fue de 184.770 toneladas, con un consumo per cápita de 4,16
kilogramos. El fríjol nacional suplía el 77 % del consumo, mientras que las importaciones
apenas representaban el 23 %.
Con el paso del tiempo, el consumo per cápita, la demanda y la producción empezaron a
caer. No obstante, hasta 2022 el grano nacional continuó abasteciendo más del 75 % del
mercado. Ese año (2022), la demanda se ubicó en niveles de 2016 y comenzó un reemplazo
más fuerte del producto nacional: las importaciones alcanzaron el 32 % del consumo, nivel
que se mantuvo hasta 2024. Para el primer semestre de 2025, la situación se invirtió
completamente: el fríjol importado aportó el 67 % del consumo, mientras que el nacional lo
hizo con el 33 %. La menor producción interna aceleró esta pérdida de participación.
Varios aspectos han afectado la competitividad nacional del maíz y el fríjol, incluso de otros
granos que representa la federación, llevándonos poco a poco a la situación actual de
extrema urgencia. La baja productividad y los altos costos de producción son el resultado
de la falta de incentivo de buenas prácticas agrícolas entre los productores, así como el
desconocimiento y poca apropiación de acciones como la rotación, el estudio de suelos, la
siembra directa sin labranza, la agricultura de precisión y el cultivo asociado, entre otras.
Avances y solicitud de la federación
La federación ha venido trabajando por la defensa de la soberanía y seguridad alimentaria
de Colombia, para esto ha hecho varias alertas al Gobierno Nacional, participado en debates
políticos y generado un diálogo con la industria en mesas mensuales de trabajo, todo esto
con el objetivo de hacer un importante llamado que derive en acciones concretas: la
protección de lo nuestro, de nuestros productores, de nuestra tierra y lo que produce, frente
a aspectos como los precios, el mercado externo y las inclemencias climáticas, entre otros,
generando un agro más rentable, próspero para quienes se dedican a cultivar y para el país
en general, reduciendo las importaciones, de tal manera que podamos ser autosuficientes
y autosostenibles con nuestros alimentos en la medida de nuestras posibilidades, que son
muchas.
Gracias a nuestra posición geográfica contamos con climas y suelos que permiten
diversidad de cultivos durante todo el año, pero hemos descuidado temas clave como las
vías, la seguridad, la infraestructura y la rotación de cultivos, entre otros, haciéndonos poco
competitivos hasta en nuestro propio territorio.
La defensa de la soberanía y seguridad alimentaria de nuestro país requiere del trabajo de
todos: gobierno, productores, entidades, gremios, empresas, industria e incluso, la
población en general, cada uno de nosotros debe hacer su aporte. Ahora que el país está
en época electoral, la defensa de la seguridad y soberanía alimentaria debe ser prioridad
para los candidatos presidenciales y, aún más, para la nueva o nuevo mandatario de los
colombianos.
“Se debe analizar la ley actual del sector agropecuario; necesitamos una ley fuerte que
respalde el sector. Es necesaria una reflexión real del sector productivo, crear una comisión
accidental con la presencia de senadores y gremios para analizar un Proyecto de Ley que
defienda la soberanía alimentaria ofreciendo créditos oportunos, seguros de cosecha
eficientes, infraestructura de almacenamiento y secado, transporte de los granos, acceso a
maquinaria y equipos que garanticen una agricultura de precisión, precios de estabilización
y contratos de cosecha a futuro, seguridad jurídica y proyectos transversales que tengan
que ver con el mejoramiento de vías, conectividad, acceso e información de alertas
tempranas, acceso a semillas competitivas y garantías para trabajar de manera asociada”,
afirma Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.
Añadió, “es importante, por ejemplo, que desde el gobierno se genere un acuerdo con la
industria, darles incentivos para que compren el producto nacional, en primer lugar,
respondiendo al consumo del país. No es posible que crezca la industria y el consumo
nacional, pero la producción decrezca en el país por no existir las garantías suficientes para
que los productores sean competitivos”.
No todo son cifras negativas, lo que demuestra que unidos podemos recuperar nuestra
producción nacional, tal es el caso de la soya, un grano que ha crecido en el país en los
últimos años. Un análisis de este cultivo, hecho por la federación, desde el 2012, hasta el
2025 (cifras estimadas), lo demuestra.
Soya
La soya presenta una dinámica distinta. En 2012, la demanda de grano fue de 365.626
toneladas, de las cuales el 76 % provenía del exterior y solo el 24 %, era nacional.
Con la expansión del mercado y el fortalecimiento de la producción local, la demanda de
grano de soya aumentó progresivamente hasta alcanzar las 678.996 toneladas en 2024. A
diferencia del maíz y del fríjol, la producción nacional de soya creció de forma sostenida a
partir de 2020, acumulando un incremento del 137 %, desde 2012. En consecuencia, para
2024 la soya nacional abasteció el 35 % del consumo nacional; mientras que las cifras
estimadas de 2025, con una demanda de 796.621 toneladas de soya en grano, evidencian
una participación nacional del 30 %, importando el 70 %.
Si bien hemos aumentado nuestra participación en la demanda nacional de grano de soya,
con respecto al importado, las cifras son poco alentadoras si analizamos la demanda total
de soya en Colombia, necesaria para abastecer tanto el consumo directo como la
transformación industrial; lo que denota nuestro atraso en procesos de transformación de
materia prima, como los granos.
En 2012, la demanda total de soya fue de 1.781.774 toneladas, de las cuales la participación
nacional fue de tan solo el 5 %, mientras que el importado representó el 95 %. Ahora bien,
en 2024, la demanda ascendió a 2.953.142 toneladas, siendo el 92 % importado, y el 8 %
producción nacional, generándose un leve incremento del 3%. Sin embargo, las cifras
estimadas para 2025, con una demanda total de 3.289.826 toneladas, muestran una
participación nacional del 7,2 %, frente al 92,8 % importado.
Si comparamos 2024 (cifras cerradas) con 2025 (cifras estimadas), las leves caídas en
participación nacional, tanto de soya en grano (de 35 % a 30 %), como la demanda total que
contempla la importación de torta de soya (de 8 % a 7,2 %), se explican por los menores
precios internacionales que incentivan las importaciones, a pesar del crecimiento en áreas
y producción de la oleaginosa nacional.
Propuestas de Fenalce a la industria
La federación ha promovido el diálogo con la industria, a través de encuentros mensuales,
como una manera de trabajar de la mano con quienes siempre debieron ser los aliados de
los productores nacionales. Estos encuentros han sido muy positivos, demostrando todas
las partes participantes, su interés por llegar a acuerdos y sacar adelante el país.
En las reuniones con la industria, la federación ha tomado un rol activo a través de
propuestas, enfocadas en fomentar la compra nacional, que ha llevado a las mesas
mensuales de trabajo. Estas son: un Sello Nacional de Abastecimiento, para distinguir a las
empresas que demuestren un compromiso real con la compra de materias primas agrícolas
nacionales; un plan conjunto de inversión en infraestructura de secado y almacenamiento,
que consiste en impulsar una alianza de inversión mixta entre la Industria, Fenalce y el
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para desarrollar centros logísticos cercanos a
las zonas productivas; un acuerdo nacional de comercialización: “Compro Colombia”, para
el diseño y promoción de contratos de suministro a futuro entre productores nacionales e
industriales; y propuestas para la Agenda Política 2026 que contempla aspectos como
competitividad productiva y financiera, líneas especiales de crédito e incentivos tributarios.
Buenas Prácticas Agrícolas y otras acciones para mejorar la productividad
Fenalce ha venido firmando convenios con entidades del orden nacional e internacional, con
el objetivo de fortalecer la productividad y reducir los costos de producción de los 9 granos
que representa, que incluyen la implementación de buenas prácticas agrícolas y la
implementación de acciones como la rotación, el estudio de suelos, la siembra directa sin
labranza, la agricultura de precisión y el cultivo asociado, entre otras, para obtener todos los
beneficios que conllevan como mejorar la fertilidad del suelo, reducir plagas y enfermedades
y, conservar y optimizar los recursos.
La correcta implementación de estas prácticas y acciones, con acompañamiento técnico,
permitirán mejorar la productividad, rentabilidad y sostenibilidad de los cultivos de cereales,
leguminosas y soya en el país, mejorando las unidades productivas agrícolas y protegiendo,
además, el medio ambiente.
Información de Fenalce