A falta de carretera, los habitantes de El Calvario mantienen viva su esperanza: la mula se convierte en su única ruta para recibir alimentos y seguir adelante.
La recua de mulas serpentea con dificultad las agrestes condiciones en que la naturaleza convirtió la única vía de acceso hacia el municipio de El Calvario en la Cordillera Oriental, parte alta del departamento del Meta. Esta es la única forma que tienen los habitantes de esta pintoresca población para abastecerse de los productos básicos de la canasta familiar que no se producen en esa tierra de hombres y mujeres laboriosos en las actividades propias del campo.
A loma de mula se las ingenian para llevar hasta el casco urbano de la población, víveres y abarrotes indispensables para garantizar la adecuada alimentación de las cerca de 500 familias que resultaron damnificadas por una avalancha de piedra y lodo que acabó con por lo menos 400 metros de la bancada de la única vía de acceso a esa región del departamento del Meta. La felicidad de los habitantes de este municipio cordillerano se ve reflejada cada vez que alguno de sus paisanos se anima a emprender el recorrido llevando, no solo el mercado, sino la esperanza de que aún en medio de las agrestes condiciones del terreno, siempre habrá alguien la fe puesta en que el mañana será posible, sino se pierde la fe para mantener viva la esperanza de quienes hoy viven las circunstancias adversas de no contar con una vía en las condiciones ideales para poder movilizarse.
La mula, ese noble animal, tan protagónico en el desarrollo de muchas regiones del país, es la esperanza a la que se aferran los habitantes de El Calvario como alternativa para no dejarse avasallar por las inclemencias de la naturaleza. Al fin y al cabo, ellos saben que esta es otra prueba que deben superar para seguir viviendo aún medio de las circunstancias adversas que se encuentran en este camino de la vida, porque la vida hay que seguirla viviendo. ¡Si o si!
“Llegó el mercado” suena como estribillo de una de esas canciones carrangueras con las que se divierten los calvariunos…”Llegó el mercado” se repite en el voz a voz y las matronas salen a abastecerse hasta cuando regrese la recua de mulas cargadas, no solo de mercado, sino de esperanza e ilusión.