Estudio de la Universidad del Rosario advierte aumento de vapeadores entre jóvenes y alerta por consumo de nicotina en Colombia.
En el marco del Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora cada 31 de mayo para concienciar sobre los riesgos del consumo de tabaco y promover la salud pública, estudios liderados por Paul Rodríguez Lesmes, profesor e investigador en Economía de la Salud de la Universidad del Rosario, en alianza con investigadores de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, la Universidad Nacional de La Plata en Argentina y la Universidad Privada de Bolivia, revelaron que Colombia enfrenta un doble desafío sanitario: la persistencia de argumentos basados en exagerar el crecimiento del contrabando de cigarrillos que frenan el aumento de impuestos a dichos productos, y el rápido crecimiento del mercado de vapeadores y cigarrillos electrónicos, especialmente entre jóvenes.
Rodríguez Lesmes, sostiene que el país “está perdiendo terreno” frente a la expansión del consumo de nicotina y frente a narrativas que debilitan las políticas de salud pública.
Uno de los principales hallazgos cuestiona el argumento más repetido por la industria tabacalera: que aumentar los impuestos al cigarrillo dispara automáticamente el contrabando.
“Cada vez que se discute subir el impuesto al tabaco aparece el mismo argumento: si los cigarrillos suben de precio, los fumadores se irán al contrabando. La frase se repite tanto, y aparece en tantos titulares, que parece evidente. Pero la evidencia muestra que no lo es”, señala Rodríguez Lesmes.
La investigación realizada contó con una muestra de 1.335 fumadores en Bogotá y Medellín; el estudio encontró que los cigarrillos ilícitos representan el 9,5 % del mercado en Bogotá y el 28,2 % en Medellín. Aunque el dato de Medellín es considerado preocupante, las cifras siguen siendo menores a las reportadas por la industria tabacalera.
Según el investigador, “el contrabando no solo es un problema de control; también se ha convertido en argumento político para frenar impuestos”.
El análisis advierte que, tras la reforma tributaria al tabaco de 2016, las mediciones independientes no encontraron un aumento sistemático del mercado ilícito ni una explosión del contrabando como la anticipada por la industria.
El estudio también identificó que los consumidores no necesariamente eligen productos ilícitos por ser más baratos o ilegales, sino por reconocimiento y familiaridad con las marcas.
“Lo que la gente premia es la familiaridad. La condición legal o ilegal pesa menos que reconocer la marca”, explica el investigador.
Para este investigador, el país necesita retomar la discusión sobre política fiscal en salud pública. “En medio de la presión financiera del sistema de salud, subir los impuestos al tabaco es una de las pocas medidas que puede hacer ambas cosas: recaudar más y enfermar menos”, afirma.
La alerta también se extiende al crecimiento de vapeadores y cigarrillos electrónicos en Colombia
Productos que llegaron al mercado bajo la idea de representar una alternativa “menos dañina”, pero cuyo comportamiento real está generando preocupación.
“Los llamados vapeadores, que en realidad no producen vapor sino aerosoles, llegaron disfrazados de solución. Menos daño, menos humo, menos culpa y una salida para quienes querían dejar el cigarrillo. O al menos ese fue el cuento”, advierte el investigador Paul.
El análisis señala que en pocos años los vapeadores dejaron de ser un producto de nicho y ganaron presencia en colegios, tiendas y redes sociales. Además, las importaciones de productos con nicotina crecieron con fuerza entre 2022 y 2024, mientras las encuestas escolares comenzaron a mostrar niveles preocupantes de consumo.
En un experimento de elección discreta realizado con 4.366 adultos en Argentina, Chile y Colombia, los investigadores encontraron que el cigarrillo tradicional sigue siendo ampliamente preferido por consumidores de vapeadores, lo que indicaría que estos dispositivos funcionan más como complemento que como reemplazo.
La narrativa de transición no parece describir lo que está ocurriendo en las calles ni en los colegios
La investigación también advierte que sabores atractivos y la percepción de “menor daño” están incrementando el interés por estos productos entre jóvenes y mujeres. Sin embargo, el investigador insiste en que una percepción no equivale a seguridad.
Se añade que la nicotina genera adicción independientemente del dispositivo, y aún para los dispositivos sin nicotina, los efectos de largo plazo de inhalar aerosoles aún no están medidos en una generación completa.
Aunque Colombia avanzó con la Ley 2354 de 2024, que regula estos productos dentro del mercado de la nicotina, la investigación advierte que persiste una brecha importante en materia de impuestos y regulación.
“La respuesta no debe ser tímida: impuesto específico de magnitud similar al de los cigarrillos convencionales, discusión seria sobre la prohibición de sabores, empaquetado neutro, advertencias gráficas grandes y control real de la publicidad”, concluye.
En el marco del Día Mundial Sin Tabaco 2026, el investigador insistió en que Colombia necesita fortalecer las medidas tributarias y regulatorias tanto para cigarrillos convencionales como para vapeadores, no solo para reducir enfermedades asociadas al consumo de nicotina, sino también para aliviar la presión financiera del sistema de salud colombiano.