El presidente incluso habló por teléfono con el niño y aseguró que lo ayudaría en todo lo necesario.
El caso de Lucas Murillo, un niño de siete años con una cardiopatía congénita que necesita un trasplante de corazón, se convirtió en un símbolo de las dificultades que enfrentan muchos pacientes en el sistema de salud colombiano.
Lucas, residente en Cúcuta, recurrió públicamente al presidente Abelardo de la Espriella para pedir ayuda. El menor explicó que necesita exámenes, un cateterismo y ser incluido en una lista de trasplantes, mientras su madre lleva un año gestionando autorizaciones ante la Nueva EPS.
Tras conocer el caso, el Gobierno ordenó atención inmediata. Lucas fue trasladado en un avión medicalizado desde Cúcuta hasta Bucaramanga e ingresado al Hospital Internacional de Colombia, donde quedó bajo cuidado de especialistas cardiovasculares.
El presidente incluso habló por teléfono con el niño y aseguró que lo ayudaría en todo lo necesario. Sin embargo, el episodio también generó cuestionamientos sobre la respuesta del sistema, pues la atención de Lucas se aceleró después de que su caso se hiciera viral y llegara directamente al mandatario.
La situación contrasta con la de Kevin Acosta, otro niño de siete años con hemofilia que murió en febrero después de enfrentar dificultades para recibir los medicamentos que necesitaba.
La crisis del sistema sanitario se refleja también en las deudas acumuladas de las EPS. Según la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, estas superaban los 25,7 billones de pesos en abril, situación que ha contribuido a retrasos en citas, cirugías, medicamentos y otros servicios.
El caso de Lucas vuelve a poner en el centro del debate la capacidad del sistema de salud para responder de manera oportuna, sin que los pacientes tengan que recurrir a las redes sociales o a la intervención presidencial para acceder a atención urgente.