En colombia cerca de 1,5 millones de personas hacen sus necesidades fisiológicas al aire libre y cerca de quebradas donde los niños juegan
Cerca de 1,5 millones de personas defecan al aire libre en Colombia. Son seres humanos que no pueden acceder a servicios de acueducto y alcantarillado, como los indígenas embera que viven en Quibdó (Chocó) y deben hacer popó en lugares cercanos a donde lavan ropa y los niños se bañan. El posible contacto con excrementos los expone a enfermedades como la enfermedad diarreica aguda, que puede retrasar el crecimiento y el desarrollo.
Un humano “sano” defeca, en promedio, 1,2 veces cada 24 horas. La cantidad depende de nuestra dieta, claro, pero algunos investigadores que han intentado reunir los datos de varios países señalan que, en promedio, cada vez que “vamos al baño” generamos 128 gramos de heces húmedas y 29 gramos de masa seca. Sí, el popó es más agua que sólido: 75 % frente a un 25 %.
Otro par de datos de cóctel: entre los microorganismos que hay en las heces, abundan las bacterias. Algunos estudios sugieren que constituyen entre el 6,3 % y el 13,5 % de la materia fecal total. Incluso, en cada gramo de heces húmedas puede haber 100 mil millones de bacterias y entre 100 millones y 1.000 millones de virus. También hay arqueas, hongos, restos de alimentos, grasas y células humanas. Todo eso en poco más de 150 gramos, que es lo que puede pesar, más o menos, un smartphone.
Quienes han recopilado muestras de heces para investigarlas ven todo ese excremento con ojos muy diferentes a la repulsión. “Nos dan muchísima información”, resume Andrea Villota Salazar, bacterióloga y PhD en Biotecnología. “Al mirarlas bajo un microscopio, se puede hacer un diagnóstico confiable de enfermedades gastrointestinales y puedo ver si hay huevos de parásitos. También puedo aislar los patógenos más comunes, buscar sangre o hacer pruebas para determinar cuál es el antibiótico más apropiado para un paciente. O, a partir de ellas, podemos estudiar la composición de la microbiota intestinal de una persona”.
Detallar esa microbiota era parte de las tareas de Villota en Vidarium, el laboratorio que había creado el grupo Nutresa, pero que los nuevos dueños (la familia Gilinsky) ordenaron cerrar hace unos meses. Allí tenían 25.000 muestras de heces a -80 °C, de las cuales extraían el ADN para, entre otras cosas, caracterizar la microbiota intestinal de los colombianos y comprender cómo cambia cuando hay enfermedades como la obesidad o la diabetes. Después de todo, escribieron en un artículo publicado en BMC Microbiology, la microbiota es probablemente nuestra conexión más íntima con el medioambiente.
Las heces, desde luego, tienen microorganismos que le quitan el sueño a científicos como Villota. Entre esos, la Salmonella, la Shigella y algunas cepas de la Escherichia coli, tres bacterias que pueden causar Enfermedad Diarreica Aguda, culpable de 1,8 millones de muertes al año en el mundo. También les inquietan los virus de la hepatitis A, los protozoos y los helmintos, esos gusanos parásitos que se roban los nutrientes de su hospedero.
Información de: El Espectador.com