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Agricultura resiliente ante el fenómeno de El Niño

Estas son las claves para enfrentar la sequía y el cambio climático

Agricultura resiliente ante el fenómeno de El Niño

La agricultura colombiana, al igual que la agricultura a nivel mundial, se ve afectada por el cambio climático, que está provocando un aumento en la frecuencia e intensidad de eventos extremos como las sequías, las olas de calor, las lluvias torrenciales y las inundaciones en otras regiones.

En Colombia, durante el fenómeno de El Niño se presentan generalmente temperaturas más altas de lo común y una disminución de las precipitaciones. Las regiones Caribe, Andina y Pacífica son las que más afectadas se ven por este fenómeno, dada su posición geográfica y los amplios periodos de sequía.

Para Deivis Suárez Rivero, docente del programa de Ingeniería Agroindustrial de UNIAGRARIA, “esta situación reduce la disponibilidad de agua para riego, afecta los cauces de los ríos y los embalses y aumenta el estrés hídrico de los cultivos. No solamente se afectan las aguas superficiales, sino también las aguas subterráneas”.

Por ello, cuando se genera un déficit hídrico en la parte superficial del suelo, específicamente en el horizonte A, el agua sube del manto freático hacia esa zona por capilaridad y también se pierde mediante la evaporación, además del proceso de transpiración.

Cultivos más vulnerables ante la falta de lluvias y el estrés hídrico

Entre los cultivos que suelen presentar mayor vulnerabilidad frente a la falta de lluvias están algunos cereales, como el arroz y el maíz, así como la caña de azúcar. También pueden verse muy afectados el frijol, el café, la yuca, el plátano, el cacao y algunos cítricos y frutales.

A esto se suma que las altas temperaturas favorecen la aparición de algunas plagas y enfermedades oportunistas.

“Cuando la planta está estresada, estas (las plagas y enfermedades) pueden aparecer y atacar los cultivos, generando un problema adicional al de la sequía, pues reducen la calidad de los productos y disminuyen el rendimiento de las cosechas”, explicó Deivis Suárez Rivero, docente del programa de Ingeniería Agroindustrial de UNIAGRARIA.

Alternativas para optimizar el uso del agua en épocas de sequía

En épocas de sequía no basta con regar más, es necesario regar mejor y optimizar cada gota de agua disponible en la finca.

Para Deivis Suárez Rivero, docente del programa de Ingeniería Agroindustrial de UNIAGRARIA, “esto también guarda una estrecha relación con los recursos necesarios para establecer nuevos sistemas de riego, ya que existen prácticas más económicas y otras con mayores costos”.

Por ello, una de las alternativas más recomendadas es el riego por goteo, no solamente frente al fenómeno de El Niño, sino para el desarrollo general de un cultivo. Este sistema entrega el agua directamente a la zona radicular, es decir, a la zona de absorción, evitando que se desperdicie en otras partes de la matriz del suelo.

También reduce las pérdidas por evaporación, porque la salida del agua de la tubería se realiza específicamente en el lugar donde será absorbida. Esto puede generar ahorros que superen el 50 % frente a métodos tradicionales como el riego por gravedad o por inundación.

Otra alternativa es el riego por microaspersores, ideal para frutales y cultivos permanentes, que también disminuye la pérdida de agua. En este sistema, la eficiencia puede verse afectada cuando no existen cortinas rompevientos y las brisas dispersan las partículas de agua.

A su vez, se puede utilizar el riego programado, aplicando agua de acuerdo con la etapa del cultivo y la humedad del suelo. A esto se suma el establecimiento de cortinas rompevientos, una medida de mediano o largo plazo y de bajo costo, mediante árboles de copa a diferente altura que reduzcan el impacto de los vientos sobre la superficie del suelo y el cultivo. De esta manera, se evita que la capa húmeda que se forma sobre el suelo sea removida con facilidad y se pierde menos agua por evaporación y arrastre del viento.

Tecnologías y prácticas para una agricultura adaptada al cambio climático

Por su parte, la agricultura climáticamente inteligente busca aumentar la productividad, entendida como el rendimiento por unidad de superficie, fortalecer la adaptación al clima y hacer un uso eficiente de los recursos disponibles. Esto guarda relación con el desarrollo endógeno y con la búsqueda de eficiencia del sistema productivo utilizando los recursos locales.

Entre las prácticas recomendadas está la agroforestería, que consiste en integrar árboles con los sistemas productivos existentes. Pueden establecerse árboles frutales en las cercas perimetrales de las fincas o árboles maderables de ciclo corto que permitan cosechar madera a los dos o tres años.

Estas prácticas ayudan a reducir la temperatura del suelo, conservar su humedad y proteger los cultivos frente a vientos secos que pueden remover el microclima que se genera sobre ellos. De esta manera, se reduce la evaporación del agua del suelo o de los cuerpos de agua y también la transpiración, lo que en términos agronómicos se conoce como evapotranspiración.

En el caso de la ganadería, se pueden implementar sistemas silvopastoriles para las fincas con ganado bovino, generando un mejor bienestar animal y disponibilidad de forrajes ricos en proteínas, como las leguminosas. Entre las especies más utilizadas están el matarratón y la Leucaena leucocephala, con adaptación a los climas del trópico bajo, medio y alto.

A juicio de Deivis Suárez Rivero, docente del programa de Ingeniería Agroindustrial de UNIAGRARIA, “estos sistemas requieren planificación y no pueden establecerse de la noche a la mañana. Es necesario entender el sistema productivo como una unidad de negocio y realizar proyecciones a futuro”.

También está la agricultura de conservación, que busca la alternancia de cultivos para reducir la labranza y el uso de pesticidas, rompiendo el ciclo de los insectos plaga. Además, permite reducir el riesgo de contaminación por el uso excesivo de fertilizantes en el suelo. Un ejemplo es sembrar maíz después de la papa, ya que el maíz es una planta extractora de fertilizantes del suelo y puede aprovechar el exceso que quedó después del cultivo de papa.

Otro elemento es mantener una cobertura permanente del suelo y evitar que quede descubierto, salvo los rodales alrededor de la finca cuando sea necesario prevenir incendios, especialmente en predios cercanos a vías primarias, secundarias o terciarias.

Ante esto, es importante la rotación de cultivos y el monitoreo del clima. Los productores deben estar pendientes de los partes emitidos por el IDEAM y comenzar a entender el agronegocio como un emprendimiento rural.

Esto implica considerar las variables climáticas, las estrategias de cultivo, un uso más eficiente de la fertilización y la selección de variedades resistentes al estrés hídrico y a la sequía.

Claves para preparar la finca ante una temporada seca

La preparación debe comenzar antes de que llegue la temporada seca, aunque durante este periodo también existen elementos que se deben seguir mitigando. Uno de los primeros aspectos es conocer el pronóstico climático.

En Colombia es fundamental estar atentos a los pronósticos emitidos por el IDEAM y, cuando exista acceso a tecnología, consultar otras fuentes de información climática.

Por lo que es necesario seleccionar cultivos o variedades resistentes. No porque un vecino siembre determinado cultivo significa que pueda sembrarse en las mismas condiciones. La selección debe responder a las características del suelo y a las condiciones climáticas.

Otro aspecto es ajustar las fechas de siembra. En Colombia tenemos la posibilidad de sembrar en diferentes épocas del año debido a los pisos térmicos, por lo que ajustar las fechas permite contar con precipitaciones en los momentos en que el cultivo más las necesita y hacer un uso óptimo del agua.

Se debe identificar y proteger las fuentes de agua disponibles. Si existen pequeños ríos, riachuelos, embalses o lagunas en la finca, es importante protegerlos, entre otras medidas, mediante la reforestación alrededor de estos cuerpos de agua. Asimismo, se pueden construir reservorios para almacenar agua durante los periodos de lluvia y utilizarla durante los periodos secos.

Durante la planificación “es necesario calcular la demanda hídrica del cultivo y diseñar planes de contingencia, no solamente frente al fenómeno de El Niño y las sequías, sino también frente al fenómeno de La Niña y las inundaciones”, precisó Deivis Suárez Rivero, docente del programa de Ingeniería Agroindustrial de UNIAGRARIA.

Finalmente, se pueden establecer barreras vivas y árboles de sombra, de acuerdo con el sistema productivo: barreras vivas en sistemas agrícolas y árboles de sombra en sistemas ganaderos.

Información de: camponoticiasweb y UNIAGRARIA