Un terremoto de 7,7 sacudió Birmania, dejando más de 2.000 muertos y 4.000 heridos. La búsqueda de desaparecidos continúa en medio del caos.
El devastador terremoto de magnitud 7,7 que golpeó Birmania y parte de Tailandia ha dejado hasta ahora 2.056 muertos y más de 3.900 heridos, según el último balance de la junta militar que gobierna el país. Además, 270 personas siguen desaparecidas, mientras los equipos de rescate trabajan contrarreloj en busca de supervivientes entre los escombros.
Ante la magnitud de la tragedia, el gobierno birmano declaró siete días de luto nacional, del 31 de marzo al 6 de abril. Las banderas ondearán a media asta en las instituciones estatales, muchas de las cuales también sufrieron daños. Mientras tanto, hospitales y refugios improvisados están colapsados, y miles de personas permanecen a la intemperie, temerosas de nuevas réplicas.
Las ciudades más afectadas son Mandalay y Sagaing, donde la destrucción es generalizada. Carreteras y puentes han quedado intransitables, dificultando la llegada de ayuda humanitaria. La ONU estima que unos 20 millones de personas han sido afectadas por la catástrofe, mientras que organismos internacionales denuncian que la respuesta del gobierno es insuficiente.
Equipos de rescate internacionales intentan acceder a las zonas más críticas, pero las condiciones del terreno y la infraestructura dañada complican las labores. Mientras las autoridades consolidan cifras, medios independientes elevan el número de muertos a más de 3.000 y advierten que el saldo podría aumentar en las próximas horas.
Con miles de personas desplazadas y un país en crisis, la prioridad es garantizar la asistencia médica y la reconstrucción de las zonas devastadas. Sin embargo, la fragilidad política de Birmania tras el golpe de Estado de 2021 plantea desafíos adicionales en la gestión de la emergencia.
Tomado de El Tiempo